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Estructuras Defensivas Tardo-Republicanas en el Ámbito Rural de la Bastetania Imprimir E-mail

       Presentamos dos fortificaciones ubicadas en la zona central de la Bastetania. La primera de ellas, el Cerro del Trigo (Puebla de Don Fadrique), es un caso de castramentación con muralla que encierra algo menos de 0,8 hectáreas de superficie, de planta prácticamente rectangular, y en el cual se detectan una serie de construcciones internas, entre las que puede destacarse un conjunto de barracones, así como torres situadas en el interior de la fortificación. La fundación se dataría en el primer cuarto del siglo I a.C., finalizando la ocupación sistemática con anterioridad a Augusto. Por su parte, el Peñón de Arruta (Jérez del Marquesado) si bien presenta una extensión semejante, la fortificación se amolda mucho mejor a la topografía del terreno. El sistema defensivo es bien distinto del caso anterior, a pesar de presentar una cronología prácticamente paralela; existe un sistema de paños que circundan el poblado, salpicados de torres rectangulares que atraviesan la muralla; la única puerta documentada es un vano simple, flanqueado por dos de estas torres. En este caso, la funcionalidad se relaciona directamente con la explotación metalúrgica, tanto de extracción como de transformación.

       We introduce two Roman Republican fortificacions in the Bastetanian territory. The first one, El Cerro del Trigo (Puebla de Don Fadrique), is a castramentation case with a wall enclosing less than 0,8 hs. In addition to a rectangular lead out. Inside several kinds of structures are visible. Specially significant are the soldiers houses, as well as towers at the inner side of the wall. The foundation was taken over in the first quarter of the 1st century B.C., at the end of systematic occupation previous Augustus. On the other hand, in the case of El pennon de Arruta (Jérez del Marquesado), with almost the same extension, the walls lead out with a better adaptation to the topography of the land. The datation is the same, although the defensive system is very different to the aforementioned case. There are several walls around the side with rectangular towers crossing the wall. The only entry is protected by two towers, one on either side. The function is directly related to metallurgical explotation, extraction as well as transformation.

Palabras clave: arqueología, Bastetania, fortificación, romano-republicano, urbanismo

Key words: archaeology, Bastetania, fortification, roman republic, urbanism
 
1. Introducción

        La zona de las altiplanicies granadinas ha sido una de las grandes desconocidas tanto para la arqueología ibérica como para la romana durante el pasado siglo XX. Una rápida mirada por las actividades arqueológicas que se han desarrollado en la zona permite observar la escasez de datos con la que aún contamos para el conocimiento de estos períodos. No obstante, este hecho ha empezado a cambiar últimamente, si bien es cierto que el avance producido en relación al desarrollo en el conocimiento de la cultura ibérica es notablemente superior a lo sucedido en época romana, ya que en la actualidad no existe ningún proyecto de investigación que se centre en este período histórico (a pesar que, desde el año 2004 se han iniciado excavaciones sistemáticas en la ciudad ibero-romana de Basti, pero los resultados son aún muy preliminares).

       Esta ausencia de información viene acompañada por una tremenda carencia de datos en las fuentes. Como consecuencia del tratamiento que los historiadores romanos daban a la forma de estructurar sus obras, centrándose en los hechos más destacados y heroicos, no cumpliendo este enfrentamiento de desgaste estos requisitos. Aunque para este territorio supondría la destrucción de algunos de los oppida nucleares que centralizaron y politizaron el mundo bastetano .

        Aquí vamos a presentar exclusivamente dos elementos procedentes del ámbito rural, dejando de lado la problemática que plantean los sistemas defensivos propios de los oppida ibéricos que hayan sido romanizados (o que están en ese proceso), como son los restos de Tútugi , Acci  o Basti . Los datos con los que contamos se centrarán en la documentación elaborada a partir de dos de las únicas prospecciones sistemáticas que se han desarrollado en la zona: una dirigida por Cristóbal González en torno a la comarca de Guadix; la otra en el término de Puebla de Don Fadrique dirigida por Andrés M. Adroher y A. López Marcos.

       Los dos yacimientos que pasamos a presentar se ubican en dos puntos distantes entre sí algo más de 100 km. lineales, y los avatares de uno y otro son distintos, en la medida en que la funcionalidad de ambos es distinta. Mientras que plantearemos que el Cerro del Trigo sí se trata de un establecimiento claramente militar, en el caso del Peñón de Arruta valoramos no tanto el carácter militar de la explotación (presumiblemente a manos de una societas publicanorum) como la estructura militar de su sistema defensivo.

2. Cerro del Trigo (Puebla de Don Fadrique, Granada)

       Este yacimiento se localiza en la zona meridional del Término Municipal, situado a su vez en el extremo Norte de la provincia de Granada, lindando con Albacete, Murcia y Almería. Se construyó sobre una elevación rocosa de tipo calizo a modo de cerro testigo que controla visualmente cerca de 300 km2 en su entorno. Presenta una planta rectangular, con algo más de 5.000 m2 de superficie (concretamente 5.360 m2) con orientación Este-Oeste (con una variación de 10º NW-SE). La planta de la fortificación se amolda ligeramente al terreno, ya que los dos extremos no presentan las mismas dimensiones, debido a la propia orografía, ya que parece que se trata de amurallar la mayor extensión posible de la cima superior del cerro. Las murallas no presentan torres al exterior, a excepción de la existente en el extremo Occidental (torre 1, con una división tripartita de su planta), y que parece guarnecer una puerta de acceso al poblado. Las otras se ubican intramuros, si bien la funcionalidad de cada una de ellas es distinta dependiendo de su ubicación (ya que incluso su compartimentación interna es distinta en cada una de las estructuras que definimos como torres). Así la localizada en el centro de la fortificación (torre 3, con dos estancias) sería la residencia del jefe militar del destacamento, mientras que la torre 4 (con cuatro espacios), situada junto a la puerta Oriental, debió servir como cuerpo de guardia, aunque en todas ellas, a juzgar por el tamaño de los muros perimetrales (el doble de los medianeros, es decir, unos 90 cms.) debiéramos considerar que las elevaciones serían muy superiores a las de otras estructuras repartidas en la red urbana del asentamiento. Entre estas otras estructuras, valdría la pena resaltar la existencia de una batería de tres edificaciones que hemos considerado como barracones; cada uno de ellos estaría dividido en dos estancias, accediendo desde la puerta directamente a la mayor, de 31,36 m2 (contubernia) y desde ésta a una posterior de menor tamaño, con 16,64 m2 (arma). Una parte importante de la fortificación no presenta estructuras visibles en superficie, concretamente el sector Occidental, y, analizando los procesos sedimentarios (propios de un cerro calizo elevado sin apenas cubierta vegetal, con afloramientos rocosos en la mayor parte del mismo) y otros elementos de análisis visual (como el crecimiento diferencial de la vegetación en las distintas estaciones del año), estamos en condiciones de considerar que no hubo nunca construcciones con material duradero.

       Ya que la planimetría nos impide establecer paralelos claros que nos orientaran en la cronología, la propuesta de datación proviene, exclusivamente, del material hallado en superficie, por cierto, especialmente escaso. Entre los materiales de importación se detecta la presencia de ánfora itálico republicana Dr. 1A, así como tarraconense Pascual 1; algún fragmento amorfo de Campaniense A, así como de Terra Sigillata Sudgálica (muy meteorizado), cerámica de paredes finas (sin forma, pero que por la orientación de la pared y la ausencia de engobe deberían relacionarse con las primeras series, tipo Mayet I, II ó III) y cerámica de cocina de pasta reductora procedente del ámbito del sureste peninsular (Pérez, Borredá y Cebrián, 1995). En cuanto a la cerámica indígena están presentes las series ibéricas de cerámica común de pasta oxidante (especialmente platos de borde recto divergente) así como algunos fragmentos de cerámica pintada (relacionados con urnas y formas cerradas). Por último señalar la presencia de una serie que hemos venido denominando gris bastetana ; se trata de una serie que imita formas propias tanto de la Campaniense A como de la B, en pasta gris, con la superficie muy bruñida y que no debieron presentar barniz en su época (ya que el alisado impediría su adherencia). Estas series las hemos detectado normalmente en contextos del siglo I a.C. (Adroher y López, 2000) y sobre ellas volveremos más tarde.


3. Peñón de Arruta (Jérez del Marquesado, Granada)

       Situado en la comarca del Marquesado del Cenete, al Este de Guadix y lindando con la provincia de Almería, este yacimiento fue localizado en prospección en el año 1994, aunque posteriormente supimos de la realización de excavaciones a lo largo de los años 40 y 50 por parte del comisario de arqueología de la zona, Ángel Casas, quien publicó una breve reseña en el Noticiario Arqueológico Hispánico. Fue objeto de un estudio pormenorizado de estructuras poco tiempo después (González, Adroher y López, 1997 ). Tres elementos bien diferenciados funcionalmente pueden observarse a partir de los restos de superficie: la  muralla, el hábitat y las instalaciones de carácter transformativo metalúrgico. Parcialmente adaptado a la orografía del terreno, el trazado de la muralla alcanza 274 m. de longitud perimetral, con una anchura máxima de 1,20 m., construida con bloques de pizarra, acomodándose a la geología de la zona. La manufactura de la  muralla esta realizada en aparejo regular en  piedra seca. Los paños están formados por piedras de distintos tamaños alcanzando medidas variadas, las de mayores dimensiones alcanzan 1 m. de largo y 30 cm. de ancho, dispuestas en placas horizontales, posteriormente paramentadas en ambos lados de la muralla. Los puntos de inflexión en el recorrido de la misma, fundamentalmente en las esquinas de las torres, están construidas exclusivamente por estas grandes lajas que remarcan su sentido de solidez. El conjunto conforma un pentágono irregular que carece de su lado suroriental, en el que se encuentra un gran escarpe, que hace  innecesario  la construcción de defensas.

       El tramo nororiental se proyecta con una longitud de 68 metros y se conserva en su totalidad; en ella se inscriben  tres torres de planta rectangular de 5,5 m. en la parte frontal y 7,5 mts. en la lateral. Las tres se proyectan perpendicularmente sobre la muralla, sobresaliendo 3 mts. de la misma y el resto se prolongan hacia el interior del poblado, configurando de esta manera unos espacios de 18 m2. La distancia entre las torres no es uniforme, amoldándose a las necesidades visuales del entorno. En este tramo de muralla entre la segunda y tercera torre se localiza la puerta de acceso al recinto, compuesta por un simple vano en el lienzo de la muralla. Las dimensiones exactas no se aprecian del todo, pues solo se ve con claridad la jamba más septentrional, aunque se ha localizado en las proximidades una placa de 1,15 m. de longitud, y que está rebajada en una de sus caras presentando un gozne y desde éste hasta el lado opuesto de la piedra, un rebaje de 5 cm. de ancho por 90 cm., de largo y que pudo servir de anclaje de una puerta.

       El tramo nororiental se encuentra jalonado por dos torres, que se adosan a la muralla, diferenciándose así del tramo anterior. El tercer tramo y el peor conservado se extiende dirección sur y a los 18,6 m. da un quiebro hacia el oeste dirigiéndose hacia el afloramiento rocoso que conforma un gran desnivel en el sureste del yacimiento, al que se adosaba la muralla por un rebaje en la roca claramente visible.

       Otro hecho que completaría el conjunto defensivo del recinto, es la posible existencia de un foso en las inmediaciones del tramo nordoriental de la muralla y que viene remarcado por la orografía del terreno, formando una pequeña vaguada que discurre paralela al lienzo.

       Diversos indicios presentes en superficie deben relacionarse claramente con actividades metalúrgicas que se desarrollaron en el poblado, como es la importante concentración de escoria de hierro localizada en la zona noroeste sin estar de momento asociada a ninguna estructura, además de la  existencia de placas de adobe sobrecocido, en algunas casos fundidos entre sí, que nos permiten pensar en la existencia de una zona de hornos. Otro elemento claramente funcional en relación con esta actividad es la existencia de una cisterna localizada en el afloramiento rocoso del sureste del yacimiento; está definida por un cubo casi rectangular de 4,7 x 3,9 m. de media. Las paredes están ligeramente excavadas en talud, la parcial distribución del relleno interior no da una clara visión de la profundidad aunque supera en algunos casos los dos metros y medio. Todo ello nos proporciona una capacidad mínima de 50 metros cúbicos. La  existencia de diferentes rebajes cuadrangulares de unos 30 cm. en la roca que  circundan, hace pensar que posiblemente debió de estar cubierta una estructura de madera.


4. Discusión

       Si bien ambos yacimientos tuvieron la misma ocupación desde el punto de vista cronológico, las circunstancias que permitieron tanto su fundación, su funcionalidad y su desafectación fueron completamente distintas, a pesar de que, como intentaremos demostrar, estarían integrados en un mismo proceso político-administrativo romano.

       En el caso del Cerro del Trigo, la primera hipótesis que desarrollamos explicaría el yacimiento en relación con el abandono de los dos oppida de la zona, el Cerro de la Cruz y Molata de Casa Vieja . No obstante este planteamiento no respondía a dos datos que se extraían de forma directa por la observación del material y de la planta del yacimiento; si bien es posible que se fundara al mismo tiempo que se abandonaron los dos oppida , la presencia de material claramente asociable al siglo I a.C. obligaba a considerar que la fortificación perduraría durante parte de este siglo y vistas otras experiencias semejantes, como en el caso de Numancia, si el campamento estaba relacionado con una actuación bélica concreta, al terminar ésta aquél se abandonaba. Por otra parte, la magnitud urbana era excesivamente escasa para considerar que se tratase de un campamento legionario, por lo que debía tratarse de una unidad menor, y, analizada anteriormente la disposición de las estructuras al interior del mismo así como la imposibilidad de ubicar estructuras suficientes para más población , lo más probable es que se tratase de una turma de caballería .

       Visto que la función de esta fortificación no fue la de servir de apoyo al ataque a los dos oppida ibéricos más próximos, no queda sino analizar su funcionalidad desde otra perspectiva. La perduración del Cerro del Trigo a lo largo del siglo I a.C. podría estar en relación con el control de los itinerarios principales establecidos en época republicana, lo cual explicaría que se tratase de una fortificación de reducido tamaño, que soportaría un destacamento formado por una turma de caballería, lo que permite un correcto funcionamiento y rápida movilidad como el que competería a este tipo de establecimientos. A favor de esta hipótesis estaría, precisamente, el momento en que se dataría el abandono; en torno a inicios de la época de Augusto, coincidiendo con un hecho como es la apertura de un camino que estuvo cerrado durante época ibérica, el vecino pasillo de Chirivel, por donde transcurre en la actualidad la principal vía de acceso entre las altiplanicies granadinas y el sureste peninsular , y que se abrió en época augustea, a juzgar por la datación de los asentamientos romanos más antiguos que se localizan en este camino almeriense (Moreno, Contreras y Cámara, 1991-92). En apoyo a esta hipótesis servirían los trabajos de Sillières (1988) quien establece la existencia de la Via Augusta por este trazado, frente a una vía anterior, la Via Heraclea, más septentrional. De hecho, la vía de Carthago Nova a Castulo, pasando por Eliocroca y Ad Morum, debió ser proyectada por Augusto entre los años 8-7 a.C. , coincidiendo con los momentos finales de ocupación del Cerro del Trigo, siempre y cuanto nos atengamos a la presencia de un pequeño fragmento de Terra Sigillata Sudgálica. No cabe duda de que la ruta en la fase anterior pasaría por Puebla, pues tenemos salpicados los oppida ibéricos nucleares cada cuarenta kilómetros de media: Molata, Tútugi (Galera), Basti (Baza) y Acci (Guadix). Desde Molata hacia el Este nos encontramos con otro importante rosario de yacimientos ibéricos, como La Encarnación de Caravaca (a 40 km. de Molata), y desde aquí a Mula (unos 30 km.), y Verdolay (otros tantos); sin embargo, la ruta de Chirivel vería graves problemas; existe un importante vacío de grandes asentamientos desde Lorca (Eliocroca) hasta Baza (Basti), distando cerca de cien kilómetros en los que se desconocen oppida nucleares. Esta ruta debió desaparecer en torno al siglo VI a.C., momento para el cual la cantidad de datos con que contamos desde Librilla a Baza es importante, pasando por Vélez Rubio y Las Vertientes. Quizás la crisis de finales del siglo VI provocó el cierre de este paso, basculando hacia la ruta de Molata para, finalmente, en época augustea volver a abrirse de nuevo. Por tanto, nuestro planteamiento es que la existencia de la vía es lo que provoca la fundación y mantenimiento del castellum del Trigo, y que, en consecuencia, no se relacionaría con las actuaciones bélicas en torno a la conquista y destrucción de los oppida indígenas de la zona a finales del siglo II a.C., siendo datable su fundación poco tiempo después de este hecho, es decir, a principios del siglo I a.C., en todo caso, momentos antes de las guerras de Sertorio.

       En cuanto al Peñón de Arruta, es su vocación minera la que determina su presencia. Se fundaría con posterioridad a la destrucción de los poblados indígenas dedicados a la minería (como el Cardal en Ferreira, vs. González, Adroher y López, 2001; o La Calera de Dólar, vs. Adroher, López y Pachón, 2002). La presencia de escorias de hierro y cobre plantea la posibilidad de que fueran ambos metales los que se estuvieran produciendo y transformando. Pero esto no justificaría, por sí solo, la existencia de la estructura fortificada que delimita el poblado. La localización de una torta de plomo nos reportaba a la posible transformación de plata, ya que ambos, bajo la forma de galena argentífera , pueden mineralizarse conjuntamente, lo cual explicaría mejor la necesidad de fortificar un centro de transformación minero de la escasa entidad de éste . No pensamos que el oro fuera un mineral explotado, en primer lugar porque la zona colindante no es propicia a su metalogénesis, y además, los escasos datos con que contamos sobre la minería del oro en el sureste peninsular en época ibérica se centran en Caniles, Cañada de Valderas (Pinos Genil) y Hoyo de la Campana (Granada), todas ellas en la provincia de Granada (Sánchez Palencia, 1990). Ya que el ejército romano tenía en sus filas a los mejores peritos en distintas ramas, y, entre ellas, las relacionadas con la minería , consideramos que en la construcción de esta fortificación el estamento militar debió jugar un papel importante, sobre todo habida cuenta de la entidad de la fortificación así como el complejo sistema de torres transversales a la muralla parecen demostrar. Un dato importante sobre el final de la ocupación es que la fundación de la Colonia Iulia Gemella Acci en el casco antiguo de la actual Guadix  se produce en  el mismo momento en el que se documenta el definitivo abandono del Peñón. Para algunos autores, la fundación de la Colonia tiene lugar a consecuencia de la alta riqueza metalogenética de la zona norte de Sierra Nevada, teniendo como función primordial la gestión de las explotaciones correspondientes, especialmente hierro, cobre, plomo y plata. A partir de ese momento resulta del todo innecesario la creación y/o mantenimiento de explotaciones menores, y aún menos, fortificadas, en la zona de extracción, situada a apenas 30 km. de la ciudad.

       Los dos yacimientos pierden su funcionalidad a partir de la entrada de Augusto en el poder, como consecuencia de las importantes reformas administrativas y políticas que se desarrollaron con posterioridad a la época de César; ambos formaban parte del proceso de territorialización que Roma desarrolló durante la fase final de la República, y que permitió una primera puesta en escena de los sistemas de control que fue perfeccionando el Estado Romano a lo largo del tiempo con la finalidad de optimizar la explotación de los recursos de todo tipo que ofrecían los distintos territorios del imperio. La falta de experiencias previas produjo que las primeras fortificaciones, tendentes a controlar el territorio (desde el punto de vista administrativo o desde el punto de vista de la explotación directa de recursos como la minería) se asociaran directamente a los modelos indígenas que habían funcionado durante algo más de medio milenio; en el caso de Cerro del Trigo, la vía de comunicación entre el sureste y el altiplano granadino se mantenía desde época ibérica, y se fijó hasta los cambios que se produjeron abriendo el pasillo de Chirivel en época augustea; en el caso del Peñón de Arruta, la fortificación romana se planeó sobre un asentamiento ibérico anterior que debió dedicarse, sin duda, a las actividades de carácter metalúrgico . Todo ello no hace sino demostrar que los inicios de la romanización se plasmaron en un continuismo muy marcado respecto a la forma de territorializar el entorno por parte de las comunidades indígenas. 

       Los aspectos a analizar sobre la funcionalidad original de las fortificaciones de Trigo y Arruta son básicamente tres: la vigilancia militar, el control de las vías de comunicación y la explotación minera.

       Después de las guerras contra Numancia (132 a.C.), el Senado romano decide realizar un censo de aquellos territorios que se encontraban bajo su poder (Apiano, 99.428; Sutherland, 1939: pp. 88-91), cuya realización se extendería hasta el año 100 a.C. Los últimos años del siglo II a.C. coinciden con la ausencia casi total, de tropas romanas en suelo peninsular debido a las invasiones de la península itálica por parte de los cimbros y la guerra de esclavos en Sicilia (Apiano, 99.430). Sería, por tanto, en estos años cuando se produciría el levantamiento y la derrota de los habitantes ibéricos del norte de la provincia de Granada y la construcción, una vez pacificada la zona, del Cerro del Trigo. Durante el periodo de las guerras de Roma contra sus aliados itálicos, entre los años 91 y 87 a.C., parece ser que la Península Ibérica no se vio afectada directamente, aunque por la reciente ocupación del territorio en el campamento podría haber permanecido alguna guarnición. Muy diferente sería el caso de las Guerras Civiles, entre el 83 al 31 a.C. Las fuentes antiguas que relatan estos enfrentamientos no son claras a la hora de precisar la geografía y la cronología de los distintos sucesos (Plutarco, Sertorio, 6.1-3; Apiano, Bell. Civ., 1.86.392; ibid., 101.438-439; César, Bell.Civ., 1.38.1.). La sublevación sertoriana podría haber posibilitado la utilización, por parte de los dos bandos, de la estructura defensiva del campamento del Cerro del Trigo para dar cobijo temporalmente, a pequeños grupos de tropas (García Morá, 1991: 246-247). De la misma forma, en el enfrentamiento entre César y Pompeyo y posteriormente entre los herederos de César, el asentamiento fortificado pudiera haberse reutilizado.

       Un caso diferente es el Peñón de Arruta, construido sobre un hábitat ibérico  centrado en la metalurgia. Ya desde la época de Catón, en el 195 a.C., la minería estaba sujeta a una explotación directa de agentes itálicos. No obstante, esta fuente de riqueza cambiará de manos, cuando a fines del s. II e inicios del s. I a.C. la inmigración itálica primero y la privatización parcial de las minas más tarde, en época de Sila, (Mayoral, 1996) excluya a los indígenas que antes participaban en el negocio. Así pues, la explotación minera de Arruta correspondería a esta segunda fase.

       Para explicar la potente fortificación que muestra el yacimiento minero, hay que tener en cuenta dos hechos importantes: la producción de plata y la posterior fundación de Acci. En el transcurso de varias prospecciones superficiales del yacimiento, se ha podido constatar la existencia de restos relacionado con la obtención de plata utilizada para pagar la soldada a las tropas romanas. Como ya señalamos anteriormente, a la hora de exponer los posibles motivos de la construcción del Cerro del Trigo, la situación por los altiplanos granadinos no era la más tranquila, explicando así, la fuerte protección que este asentamiento minero tendría. ¿Quién se encargaba de la defensa?, si otorgamos veracidad a la privacidad de las explotaciones mineras, está claro que dependería de gentes armadas a sueldo, dispuestas a proteger la plata contra quienes fuesen, romanos o indígenas, desapareciendo su ocupación cuando los filones argentíferos se agotasen o no fuesen rentables.

       En cuanto a la relación que tendría con la fundación de Acci hay que destacar dos aspectos. En primer lugar los habitantes de esta colonia eran y seguirían siéndolo mientras viviesen soldados a expensas –al menos en un primer momento- del gobierno de Roma, pudiendo obtener el dinero de un yacimiento cercano como el Peñón de Arruta. En segundo lugar, la posible fecha de fundación de Acci, en torno al 30-20 a.C., coincidiría con el abandono de los yacimientos que aquí presentamos. Asistiríamos a una evidente reestructuración de las fuerzas militares romanas en la zona, aunque éstas sean de la “reserva”, y a una profunda transformación en la ocupación y explotación del territorio de las altiplanicies granadinas.

       Así, los asentamientos supervivientes indígenas –Basti y Tutugi- junto con la fundación de Acci, dibujarían un escenario completamente distinto al que existía con anterioridad. Un sistema de asentamientos que otorgaba en la práctica, el control total de toda la zona norte de la actual provincia de Granada: el territorio de Puebla de D. Fadrique con una ocupación residual que serviría de primera defensa contra los habitantes de las sierras, una segunda zona  intermedia de “aliados” en Tutugi y Basti y, finalmente, el asentamiento de veteranos de Acci.

       Nos gustaría añadir unas reflexiones en torno a una parte del material presente en ambos yacimientos. Se trata de una serie cerámica que denominamos, hasta este momento, cerámica gris bastetana (vs. supra). Como dijimos anteriormente, se caracteriza por presentar una pasta gris compacta, poco porosa, con desgrasantes cuarcíticos visibles a simple vista y otros micáceos mucho más pequeños. La pasta es dura, y la superficie presenta un alisado superficial en bandas horizontales que recuerda un poco al que caracterizaba a la cerámica gris ibérico-antigua. Respecto a las formas normalmente se trata de imitaciones del servicio de Campaniense A y, especialmente, de Campaniense B. Lo más interesante es que parte de ese repertorio no se ha detectado, por el momento en la zona en sus series originales. Concretamente, en el yacimiento de Los Pinos, en Exfiliana, apareció un borde de un soporte Lamb. 4 en gris bastetana, cuando, en principio, no se ha documentado ninguna en Campaniense B en el ámbito central de la Bastetania. La serie puede verse repetida en numerosos yacimientos de la región, desde Molata de Casa Vieja, Cortijo de Casa Vieja, Cortijada de Porcunas, Cerro del Trigo, Basti, Acci, Peñón de Arruta, Los Pinos, Iliberri, etc.

       Esta moda de producir imitaciones de barnices negros con fórmulas de fabricación reductora y sin barniz, el cual es sustituido por una alisado y/o bruñido en la superficie, no es exclusiva de la Bastetania. En Obulco (Porcuna) también fue detectada por uno de nosotros en el transcurso de elaboración de su tesis doctoral, y en este mismo congreso, el doctor Carlos Fabiao realiza una interesante reflexión respecto a la presencia de este tipo de materiales en Portugal. No estamos, por el momento, en condiciones de considerar si se trata de una producción a gran escala o si, por el contrario, se trata de producciones de carácter local o regional dedicadas, inicialmente, al abastecimiento de mercados que carecen de este tipo de productos y que, por determinadas circunstancias no pueden adquirir los originales. El fenómeno es amplio desde el punto de vista regional, como hemos visto, ya que acoge, al menos, el sureste de la Península Ibérica, la zona meridional, y el cuadrante suroccidental. Desde nuestro punto de vista, es un fenómeno global, inducido directamente por un problema que también es global , pero que responde de forma algo diferenciada dependiendo la región donde se sitúe. En algunas ocasiones hemos detectado que parte del servicio que se produce en la gris bastetana se completa con formas que son propias a las vajillas indígenas, como platos de borde vuelto  o cuencos de borde entrante. Es posible que la creación de esta serie se relacione de forma directa con la presencia de personal itálico en tierras hispanas, lo que crearía la necesidad de la producción. Pero, ¿por qué no fabricarla imitando también la técnica? La serie abastece inicialmente a estas poblaciones alóctonas, que solicitan un material que conocen; en esta época, desde las Guerras indígenas del ámbito del sureste peninsular (en torno a finales del siglo II y principios del siglo I a.C.), continuadas posteriormente con las Guerras Civiles (desde Sertorio hasta Pompeyo), parece lógico considerar que el componente de población itálico más frecuente en estas tierras entre finales del siglo II y finales del I a.C., sea naturalmente el militar. Además, llama la atención que en ciertas zonas como el sureste peninsular, la técnica de cocción reductora ha quedado centrada a las producciones de cocina, y desde inicios del siglo V a.C. no se ha vuelto a utilizar hasta este momento para las series de cerámica de mesa, lo que desaconseja considerar que los artesanos responsables de la producción sean alfareros indígenas . Un grupo, por cierto, normalmente móvil, lo que podría llevar implícito el abastecimiento de cierto tipo de materiales con un nivel de movilidad muy parecido; planteamos que los talleres viajarían con las necesidades de esta población militar, y que, quizás en cada lugar, aprovechen para realizar ventas al propio mercado indígena, amoldándose a los gustos propios de cada región y grupo cultural. No se explica de otro modo que las series del sureste y de Portugal puedan ser tan semejantes técnicamente; además, esto también explicaría que las series grises no tuvieran barniz, ya que al tratarse de talleres móviles (que no portátiles), no podría adquirir la precisión tecnológica que supone la elaboración, impregnación y cocción del barniz necesario para caracterizar a las series originales itálicas. Si esta hipótesis se confirma, deberíamos plantearnos considerar que todas las piezas localizadas hasta ahora deberían ser denominadas con la misma nomenclatura . Un importante problema con el cual nos encontraremos a la hora de contrastar esta hipótesis es que no serán válidos los estudios de las matrices de pasta en las distintas producciones, ya que, al tratarse de esos talleres móviles, cada cierto tiempo podrían cambiar de pasta, ya que en cada zona se acomodarían a las arcillas propias de su terreno.

Baza, a 30 de noviembre de 2004

Por:
         Andrés María Adroher Auroux
         Alejandro Caballero Cobos
         Amparo Sánchez Moreno
         Juan Antonio Salvador Oyonate
         Francisco Javier Brao González

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