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Introducción a la Cerámica de Época Ibérica Imprimir E-mail

     Estas líneas pretenden ilustrar sobre aspectos muy generales de la cerámica ibérica en el ámbito meridional grosso modo. Tan solo pretendemos que esto sea un punto de partida para un estudio más detallado en un futuro.

       La cerámica constituye una de las evidencias arqueológicas más comunes en un yacimiento. Su naturaleza físico-química garantiza su excelente conservación en la mayoría de los casos, al contrario de lo que sucede con el tejido, el metal o la madera. Además, el conocimiento cada vez más profundo de su evolución técnica y formal permite fechar estratos y elementos arquitectónicos. Es por ello que su conocimiento y estudio resultan fundamentales, aunque en la actualidad la ceramología sea tachada de arqueografía sin sentido. 

 


Técnicas

       La cerámica ibérica se modela a torno desde finales del siglo VIII a.C., rompiendo con la tradición de cerámica a mano del Bronce Final, aunque las producciones a torno y a mano convivirán hasta finales del siglo VII o principios del VI. La cocción es única, y se pueden encontrar tanto cocciones oxidantes, reductoras y oxidante-reductoras; este último tipo de cocción ha dado lugar a la característica pasta  de sección bicolor o tricolor, que los arqueólogos denomina tipo sándwich. El color de las pastas oscila entre el gris, para las cocciones reductoras, y el rojo-ocre, para las oxidantes.

 

       Las cocciones se realizan en unos hornos de planta circular, parcialmente excavados en la tierra, y construidos generalmente con adobes. Se han atestiguado en algunos hornos elementos sustentantes de una parrilla, que dividiría la cámara de cocción de la de combustión. Sobre la cubierta de los hornos no tenemos evidencias arqueológicas, pero es de suponer que esta estaría formada por arcilla, adobes y trozos de cerámica, con algún orificio o registro, y que sería reconstruida en cada cocción. Estamos hablando de hornos cilíndricos de tiro superior donde se controla la temperatura de la cocción y se consiguen diferentes atmósferas reductoras y oxidantes.
Planta y sección de horno ibérico 
Cerámica Ibércia de estilo figurativo 
Figura 1. Planta y sección de un horno ibérico
 
Figura 2. Detalle de estilo figurativo pintado  
Decoración Geométrica

       La superficie de la cerámica era tratada en ocasiones con engobes, es decir barbotina muy liquida diluida con colorantes, que permite dar colores específicos. Los engobes podían ser completos o parciales, dando lugar esto a la celebre serie de cerámicas pintadas de este período. Los colores más habituales de estos engobes son el rojo y el negro, y en mucha menor medida el blanco, el amarillo y el azul.

       El repertorio decorativo de la cerámica ibérica es bastante repetitivo. Se basa en la combinación de elementos continuos, como bandas y filetes, con elementos geométricos, a veces continuos otras combinados, como círculos y semicírculos concéntricos, aguadas y otros. Este es el panorama para la zona bastetana, pero en el Levante existe un estilo figurativo vegetal de los siglos III-II a.n.e. de gran interés.

 
Figura 3. Decoración geométrica Algunos motivos de estampillas 
       En algunas piezas se puede apreciar el uso de motivos estampillados realizados con pequeños punzones, que se consideran un elemento de imitación de las cerámicas mediterráneas importadas, que lo incorporan con asiduidad. No está resuelto el tema del significado o uso de estas marcas, puesto que desconocemos si el empleo de estas marcas estaba en relación con el sistema artesanal de producción, o si se trataba de una simple asunción de un canon estético.
 
Figura 4. Algunos motivos de estampillas
 


       En algunas series concretas de la cerámica ibérica se aprecia el empleo de la técnica del bruñido, que consiste en frotar la pieza con un objeto de madera cuando se halla en la fase secado, previa a la cocción, con lo que se consigue brillo y suavidad en la superficie de la cerámica. Esta técnica era ya conocida desde la prehistoria reciente.

       Las series mejor conocidas donde se emplea esta técnica son la cerámica gris orientalizante y la cerámica gris cenicienta republicana. La primera es característica de los siglos VIII al VI a.C., y presenta la innovación de combinar la tradición previa del bruñido, con la novedad del modelado a mano y la cocción reductora. La segunda es una serie atestiguada en niveles del siglo II-I a.C., que trata de imitar los barnices negros campanienses con un bruñido y una cocción oxidante.

Formas

       El repertorio formal de la cerámica ibérica es bastante variado. Uno de los problemas fundamentales para la clasificación es que no conocemos demasiado bien la funcionalidad de muchas formas, y que buena parte de ellas son polifuncionales, es decir pueden tener varios empleos lógicos. Así, por ejemplo, un caso típico son los cuencos, que pueden emplearse tanto como plato como tapadera, o los kalathos, relacionados con el transporte y almacenamiento, pero que pueden llegar a emplearse como urna cineraria, de hecho, en el mundo ibérico no se atestigua la existencia de formas específicas concretas para su uso en las necrópolis.

       A nivel básico se puede hablar de una división clásica en grupos funcionales que son: servicio de mesa, cocina, transporte, almacenamiento e iluminación. El servicio de mesa se compone de platos y cuencos fundamentalmente, aunque también se documentan algunos vasos y jarros. El grupo de cocina está caracterizado por una pasta grosera, con gran cantidad de desgrasante, para que soporten la acción del fuego. Las forma más habitual es la olla, seguida del mortero. El grupo de transporte está compuesto por las ánforas, que comienzan imitando modelos fenicios hasta desarrollar la típica ánfora ibérica. El grupo de almacenamiento es el más heterogéneo, con las características urnas, además de lebes, pithoi, kalathos, jarras y tinajas de gran tamaño. En el grupo de iluminación se incluyen los braseros y los cuencos lucerna. Un último grupo sería el de uso complementario, con las tapaderas y los soportes de carrete, destinados estos últimos a servir de peana.

 
Cerámica Ibérica 
    

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